jueves, diciembre 14, 2006

EL ANGEL Y EL DIABLO (parte IV)



C U A R T A - P A R T E
Los días intensos



La pasión desatada entre dos seres ha traído consecuencias. Esto dejaba de ser una lucha y pasaba a ser una expresión de sentimientos nobles entre ambos. Finalmente no había presa, ellos caían vertiginosamente en un hechizo emergido del roce de sus propias almas, de aquel choque nacía algo parecido al amor.


Un nuevo día llego y una nueva excusa para reencontrarse encontraron pronto, pero esta vez fue el ángel el que genero el ambiente, ahora era él quien quería atrapar al diablo, tenerlo para si, aunque no se permitiera aceptarlo. Un encuentro con amigos sería el marco escogido para un nuevo capítulo de esta historia. Pronto los más cercanos del ángel vieron en el diablo lo que el primero se negaba a apreciar. Él es para ti – repetían a escondidas sus amigos: aprobación general. Los días pasaron y por cada nuevo amanecer una nueva excusa para aplazar la despedida. Dos seres eran atados en un hechizo autoprovocado hasta volverlos incapaces de respirar el uno sin el otro. La corte real era mudo testigo del naciente romance entre dos criaturas que nadie creyó ver juntas. La expresión máxima de la atracción entre polos opuestos, el yin-yan echo carne. Se los vio pasear por el mercado, ir de compras, explorar los templos de la diversión, dando rienda suelta a su pasión, caminar horas por la ciudad exprimiendo hasta el último segundo que pudieran estar juntos.


Una noche, el diablo perdió el control de la situación. Veía que la presa ya no era tal, él había caído en una trampa de la que no podría salir fácilmente, o no quería, veía que ya no quería seguir jugando con el ángel al amor de adolescentes irresponsables, lo quería para si, no quería compartirlo. No necesitaba más a un amante, era el momento de tomar su mano y hacerlo su compañero, ¿aceptaría? El diablo estaba decidido, sabía como dominar la situación y fácilmente caería en exclusiva para sí. De lo contrario, se marcharía, no sin antes enamorarlo y dejarlo con el corazón hecho trizas, como el mismo se vio poco tiempo atrás.


El ángel se sentía extrañado, hacia días que venía sintiendo cierto disconfort. El lugar tantas veces visitado, desde hace días le parecía hostil. Miradas de desaprobación venían a su encuentro. Seres de este y otros planos no los querían juntos. El diablo tenía una lista de victimas interminables que esperaban verlo caer, para alimentarse de su carroña. El ángel se interponía en esos planes. El diablo le enseñó a esquivarlas con sus artes oscuras, pero el ángel prefería ignorarlas, para que hacer el mal. A menos que lo provocaran. Un detalle hizo al ángel ver distinto a su diablo. Una noche de locura en compañía de unas hadas de la justicia, le hizo comprender que tras esa rojiza piel, había un alma noble y frágil, al menos frágil ante las manos de este ángel al cual se le permitía jugar a burlar el mal. El hada mayor apartó al ángel y le advirtió que debían conversar a solas. El tema era claro: las hadas no permitirían que su amigo sufriera nuevamente por amor, y veían en este ángel nada más que una careta de un bufón en busca de inocentes a costa de quienes reír. El ángel se preocupo, pues sabía que no era tal la historia, pero ¿cuánto más resistiría el hilo de esta cuerda.


El diablo utilizó sus trucos esa noche, en el lecho de amor para intentar hacerlo caer una vez más.


Déjalo.
No me pidas eso, no puedo.
Yo se lo que te digo, tu me gustas demasiado.
Lo sé y te lo agradezco.
Yo podría llegar a enamorarme de ti si me lo permitieras. No te vas arrepentir.
¿Por que me tenía que pasar esto a mi?
Ese tipo no te merece.
Déjame a mí decidirlo.
Quédate conmigo y podrías ser feliz toda la vida.
Estoy enamorado, lo siento, lo siento mucho.

Respuesta equivocada, el corazón del diablo comenzaba a trizarse nuevamente donde creía que ya estaba cicatrizado, le inundó la pena, la rabia, la impotencia de no ser aceptado y de ver como un ser noble se dejaba manipular por quien no le merecía. Ya no quería seguir jugando a hacer el ridículo. El ángel quería jugar a dos bandos, tener placer a tiempo completo, quedarse con todo: pan y pedazo. No se podía permitir esa humillación, no de nuevo. La paciencia se agota.

La despedida fue algo incomoda, comenzaba una nueva semana. Los días sin verse se hicieron eternos para el ángel, le costaba conciliar el sueño, concentrarse en sus labores, hacer el bien, todo. Telepatía con el diablo y sabía que él estaba igual, quería verlo y sentía una angustia casi narcótica, no podía pensar sólo en sí mismo, certera estocada había recibido este personaje.

Para acabar con esta angustia de no tenerse, idearon otro encuentro. El templo de siempre seria el escenario escogido. El ángel esperaba seguir con la juerga, mientras dilataba el fin de su anterior historia y se veía cada vez más envuelto en los ahora nobles brazos del diablo. El diablo ya había diseñado su estrategia de matanza. Este era el momento decisivo para acorralar al ángel de una vez por todas. La venganza sería cruel y despiadada, no habría compasión. Sus amigos serían sus cómplices, el antro de la perdición, mudo testigo de la sangrienta redada que se urdía en la nuevamente maquiavélica mente del diablo. Se acabó el juego. Nadie se ríe del diablo.

1 comentario:

J Gutierrez MIRANDA!!! dijo...

ES MUY EXTRAÑO VER UNA EXPERIENCIA VIVIDA EN CARNE PROPIA CONTADA DE TAL MODO EN TU BLOG.

QUE PASARA AHORA, PORQUE NADIE SE RIE DEL DIABLO... O TU SI

UN ABRAZO

SALUDOS