Q U I N T A - P A R T E
Un error fatal
El diablo estaba dispuesto a todo con tal de hacer caer al ángel esa noche. Le mostró que él ya estaba atado al ángel y que sufría con su juego de buscarlo y no quererlo. Para éste era evidente que el ángel lo usaba para olvidar su pena y alimentar su ego. Los gnomos amigos del ángel festinaban la relación secreta con el diablo, ante lo cuál éste se sentía un juguete de un, ahora, mal proyecto de ángel enamorado. Para el diablo, la careta del ángel noble y luminoso se descascaraba con cada minuto juntos esa noche maldita.
El amor del ángel no era de su naturaleza, era una criatura baja del bosque, entre los cuales era un motivo de orgullo y estatus, enamorar ángeles, aprovechar sus poderes y dejarlos vacíos y faltos de dignidad mendigando su amor. El diablo reparaba en eso, mas el ángel se autoengañaba con un amor mal correspondido, ante lo cual, el diablo comenzaba a verlo cada vez más cobarde, patético y gris.
El ángel sentía cada vez más fuertes sus sentimientos hacia el diablo. Le dolía escuchar del diablo que lo quería más de lo esperado y no poder correponderle y ver como era enjuiciado por al circulo de amistades del diablo en el salón de baile, que esa noche, eran abrumadora mayoría. El diablo les decía, ya embriagado: "Yo lo quiero pero el no quiere dejar a su novio por mí", por esto el ángel se sentía el villano de la historia al saberse traicionando el alma de un ser que representaba al mal, pero le había embellecido sus días y calmado su dolor. De pronto, lo miró a los ojos y se dio cuenta que sus sentimientos eran claros, el también aprendió a querer a esta criatura, sólo que quizás ya era demasiado tarde, pues notó amargamente como el diablo comenzaba a despreciarlo. Sus ojos ya no se dirigían de la misma forma ante él, como en un principio, retornaba a su verdadera y oscura esencia.
La situación era alarmante, toda esa gente ahí reunida sería testigo de un legendario rito satánico de sacrificio de ángeles, cuyas almas tenían alto valor en los infiernos y elevaban el poder de los demonios. El ángel comprendió que quizás tenía una escapatoria, podría confesarle sus sentimientos y quizás salvarse de la condena eterna. Tal vez el diablo sentía aun cariño hacia él.
Yo también te quiero, y mucho – fueron sus palabras. El diablo sintió que su conquista finalmente cobraba sentido, sin embargo la suerte ya estaba echada y el sacrificio no podía cancelarse. Con un beso, él ángel lo hizo caer en un hechizo del amor eterno que no tardaría muchos días en hacer efecto. Su confesión parecía haberlo salvado, su mirada retomaba ese carácter dulce y radiante que adquirió desde que conoció al ser de luz. El diablo, nuevamente dócil, se dejó querer por su ángel redentor, renunciando así a su pacto, aunque la vida se le fuera en esto. Lentamente se desprendía de su alma.
Un vampiro que bailaba cerca de ellos, se entusiasmó con el diablo, al cuál ya conocía y esperaba tentar. Se dejó seducir pero no cayó, sin embargo, el ángel comenzaba a cultivar sentimientos negros hacia el vampiro, por primera vez lo sobrepasaba una sensación de peligro y destrucción hacia dicha criatura que amenazaba su espacio, captando la atención de su diablo, si, por que ya lo quería y sólo para él. En sólo un segundo vio como el vampiro se abalanzaba sobre el diablo a fin de robarle un beso. Su cuerpo entero hirvió y su serena luz comenzó a proyectarse iracunda y violenta. Sin pensarlo, atrapó al vampiro en pleno vuelo, lanzándolo por los aires y casi fulminándolo por su rayo celeste. El vampiro huyó tras la frase del ángel – Deja en paz a mi novio –. El diablo lo presencio todo con una mezcla de satisfacción por la inédita audacia del ángel e intriga por saber que le dijo, de haber sido así, esta historia habría tomado un giro rotundo.
Ya ebrios, decidieron un nuevo destino para continuar la fiesta: la cueva del demonio infiel, amigo del diablo. Lamentablemente, el gigante egoísta, esposo del anterior, no lo permitió, sentía celos del diablo, sabia que podía caer en su juego y el perdedor sería él. No olvidaba la estabilidad que le traía la vida con el demonio infiel, por más dolor que le provocara, no quería mendigar más, defendería su pasaje a la riqueza con todas sus fuerzas.
Expulsados ladera abajo, caminaron hacia la casa del ángel que estaba más próxima, sin pensar éste que su regreso no estaba aún destinado. La sentencia de muerte se sentía en el aire, esa noche de niebla no estaba para buenas noticias.
El diablo insistió en su postura. Le explicó que tenía una larga lista de candidatos a su corazón, pero no pensaba hacer de esto una justa entre caballeros deseosos por él, ya tenía al elegido, pero él no aceptó su propuesta final. Se sintió frustrado, acabado, dolido. La ira nuevamente se apodero de él y su verdadera esencia se hizo presente. La muerte del ángel era la venganza perfecta. Su sacrificio no esperaría más, con esto el diablo aseguraba su permanencia en tierra, alejaba de si las noches de insomnio pensando en su regreso al averno.
Mientras el ángel le explicaba sus razones, el diablo se quedó atrás y sacó su tridente con el cual daría al ángel su tiro de gracia. El ángel sintió algo extraño, se detuvo, el diablo no estaba, miró atrás y lo vió, imponente, quizás más grande y terrorífico.
Se venció tu plazo, nadie se burla del diablo sin esperar consecuencias, te dije que te arrepentirías – dijo el diablo al tiempo que lanzó certero su arma cuyo objetivo era las alas del ángel para arrebatarle primero el privilegio de volar.
El ángel alcanzó a saltar pero no a huir completamente de su profecía. Su talón fue atravesado por la hoja del arma infernal, desde donde brotaba un hilo de sangre azul. Sentías como sus poderes le abandonaban y su visión se nublaba. En un acto de sobre vivencia, arrancó el tridente de su pie y lo lanzo por los aires, este cayó lejos, en el fondo del océano. Cayó al suelo, en ese instante el diablo aprovechó de atacarlo por la espalda. Rodaron ladera abajo en una nueva lucha corporal que esta vez no incluía pasión, sólo ira. El diablo, sin su arma, quedó finalmente a merced del ángel quien, en un último esfuerzo por salvar su vida lo abrazó firmemente y se elevó en los cielos desplegando sus alas. Desde las alturas miró por última vez al diablo que estuvo a punto de amar y lo soltó dejándolo caer al mar.
El diablo, lejos de defenderse, lo miró con sus ojos llenos de lágrimas demostrando su verdadera esencia, un ángel caído que nuevamente sentía en si la compasión. No pretendía hacerle daño y sabía que se venía su fin. Prefería eso a seguir buscando un compañero fiel en su ruta. Ya no tenía fuerzas para luchar en el mundo y su paso por él carecía ya de sentido. Aceptó que el mar fuera quien le arrebatara la vida eterna y lo extinguiera para siempre. Antes de extinguir su luz exclamó – Yo lo habría dado todo por ti, te habría hecho feliz, pero tú no lo quisiste así –. El ángel no pudo contestar, un nudo le cerraba la garganta y en sus ojos el cristal del agua a punto de explotar le nublaba la vista.
Antes de partir, devuélveme lo que me pertenece.
Yo no tengo nada tuyo.
Tienes mi alma, te la entregué en el último beso. La quiero de regreso para volver a los infiernos.
El ángel se dio cuenta de la enorme muestra de amor recibida, al tiempo que sintió emerger de sí una luz gigantesca, mezcla de ambas almas, que transformó la noche en día. Ahora comprendía el verdadero sacrificio, aquel que era capaz de arriesgarlo todo por el ser amado. Lamentablemente, su esencia diabólica le había llevado a la locura al sentir por enésima su rechazo. Cuan torpe había sido, había dejado ir al amor de su vida. El ángel intentó una jugada por salvarlo y exclamó:
Imposible, esta se quedará con tu novio.
El ángel se lanzó a rescatar a su diablo y su potente y cálida luz los envolvió. A la distancia podía verse como un meteorito se hundía en el mar. Lamentablemente esta historia no albergaba un dulce fin, el ángel tardó demasiado en reconocer el amor verdadero, situación que les costaría la vida a ambos. Al intentar salvar a su verdadero amor, el mismo que intentó eliminar, cae en un golpe fulminante. Así, el mar los encuentra fundidos en u beso eterno.
Cuando veas frente a ti la opción de un futuro mejor, aférrate a él, no tengas miedo, éste paraliza y no te permite experimentar los tesoros que el que el destino te guarda.
Antes de cerrar sus ojos por última vez, el diablo reflexiona – Lástima habría sido mi sol cada mañana. Desearía que te hubieras salvado y encontraras alguien mejor que yo. Al menos tendré la dicha de ser lo último que vea antes de volver.


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